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Location: Metropolitana, Chile

Nacido en 1984, Leonardo Murillo ha dedicado su vida a respirar el aire que emanan los objetos construidos por el hombre. Sus primeros cinco años los vivió cuestionándose las razones que tenían las tias del jardín para pegar cachetadas a quien no se durmiera en las colchonetas. Luego vendría el colegio, la educación básica en donde Jessica Arriet Ojeda, la profesora jefe, lo martirizaría en base a retos y humillaciones frente a sus compañeros. De quinto a octavo frecuentó la marihuana, el crack y la pobreza de una escuela municipal cerca de su casa. En el 2002 completó sus estudios secundarios para abocarse ha seguir respirando el aire que emanan los objetos construidos por el hombre. Administra y es uno de los fundadores del sitio y editorial www.poetica.cl. Fanático del ajedrez y la poesía, Leonardo Murillo come todos los días pan con algo pal pan y té, sentado en la cama a una distancia de treinta y siete centimetros entre él y su televisor.

Monday, October 24, 2005

Teoría planetaria de conformación sistémica en el marco de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile

Los hombres comen sus huevos al arbitrio del nuevo ingreso en aquel día frío. Ellos menean sus melenas tendiendo a tantear la vida con un poco de palta liquida vertida en la hamburguesa de soja. No prefieren cansar sus cuerpos en subir los cuatro pisos hacia donde se hayan los nenes tecleando sus formidables informes, sus elegantes emails del paraíso, imprimiendo el regreso a sus casas tranquilos. Antes miran las caras de los vendedores de libros, los cuales esperan en la espera de la venta de la mirada al futuro en la visión distraída. Los hombres preceden los marcos teleológicos masticando la empanada de choclo. Mantienen en sus manos el pote de margarina Calo que recela el cariño de mami, y aguardan su turno de microondas y trascendencia. Suben las escaleras los hombres de futuro aprehendido. Bajan los académicos y sus bolsos que portan lo absoluto. Fotocopian la muerte los papeles de delirio imaginado. A quince pesos la fotocopia de encuentro inmanente con el señor de los surcos. Batallan la lengua y el dedo en el resplandor de las hojas contadas. El pequeño moreno sonríe el valor total de su plusvalía, y el hombre paga en la gran madre que nos parió como seres. Es el hábitat de la mata de ligutrinas que observa detenidamente nuestros ojos, nuestra boca que fuma y se pierde en la divagación de la materia pasada. Se busca el pedazo de cartón que te da la comida en bandeja. A tus pies la aventura del asiento disponible en la aventura de tu cuerpo. Te sientas sabiendo que tus manos aprietan con fuerza el tenedor primitivo. Recuerdas la primera comida de tu madre, y diriges la primera porción de arroz a tu existencia. Antes de terminar gratificas buscando el rostro de la belleza. Ella no desea mirarte a los ojos, y emigras dejando un legado de siglos tras de ti. En las almas besan la mejilla de sus niños. Juegan taca-taca arrastrados al calor de aquellos infantes. No juegan ellos, sino sus polluelos que como olas haciendo Splach en los roqueríos, enfundan el estruendoso gol de mitad de campo; la ajorca del tobillo como un orgasmo. Entras al baño del último. Allí las discusiones “filosóficas” cunden en las magnitudes de las puertas. Rechazas el cariño de tus parientes al doler las descargas vigorosas de quien ama con todas sus fuerzas la revolución inmediata. Ríes la respuesta en garabatos al grito escrito: no a las cárceles. Ríes la risa de saberte un cagador sapiente que raya: yo soy un hombre. Las mujeres dialogan su insondable escena de cuerpos pintados, al son del eterno remate que fenece en su erosión monárquica. El supuesto de su horario retrotrae las grandes luchas por la obtención del preciado asiento donde reposan. Oyen el líquido que recorre su cuello al mirar de reojo la entrada al aposento de los nuestros. Revitalizan la opción serena de las carreras poéticas por la canción que más entrañe su esencia. Reubican los grandes espacios inhabitados por el puño. Solicitan feroces empresas a aquellos cándidos que resulten de la unión entre el sol y la clorofila. Buscan en el cielo el gris de sus bocanadas de humo, en tanto estudian más y más allá de la cuenta. Los hombres y las mujeres se nutren del equivalente al gran fogón de los scouts de Chile. Vitaminas, calcio y fósforo para suplir los estragos de la venida sin desayuno a la patria. Don Cleme cuenta las monedas de mi esperanza de un mundo mejor, enseguida raya el minúsculo papel que me es un vale para visitar a San Pedro. Agradezco mirando detenidamente el fenotipo de Don Cleme. Concluyo sus proporciones pensando que aquellas manos son las ideales para las monedas de esta patria, esas monedas que suenan su arribo a un costal de sus iguales para caracterizar un ruido que se repite siempre; el sonido de las monedas golpeando las otras monedas: aquella palabra que no existe y que sin embargo representa algo. La mística de los hombres y las mujeres besa la estructura de los simposios que te invitan traspasar el segundo estadio de creencias melancólicas; debes “pinchar” el vale en aquella punta fina. La Maestra exclama a los cuatro vientos:” si no vendo no gano po’ chiquillos”, mientras nos prepara la mezcla del gran nabucodonosor hecho de pan, huevo y mayonesa, y envía al horno microondas una empanada. Por doscientos pesos nuestros abismos bucales se engullen la realización del ser sin el ser, la onomatopeya diciendo “cómeme”, el round entre los verdaderos tú del hombre, me estoy refiriendo al Pan con huevo. Y por trescientos cincuenta pesos nuestra ataraxia receptora habilita sus ensueños para embucharse el sustrato más encomiable que chef halla cavilado jamás en su vida, hablo del verso llamado Empanada de choclo. En estos aspectos se fundan los remitentes entre el olvido y lo que supone entorno. En estos hospicios anidan los grumos de realidad; aquella facultad que vivirá y reinará de aquí en adelante, por los siglos de los siglos, Chupón.

Leonardo Murillo

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Santiago de Chile

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2 Comments:

Blogger Cpunto said...

caminabas bordeando el río, sí, un río al que había que ver con la boca abierta una tarde o una mañana depuès del temporal, lo pies en el barro, y cuando te arrimabas al árbol,ese que era tuyo, te ibas en la barquita de mentira por el junco y dabas la vuelta, yo tendria aquí en la mano ese olor , esa humedad en los pies, en el cuerpo entero, en el papel que sacabas para escribirle: mira, es esta tarde y te la has perdido, la tomo por ti, vamos a llevárnosla,

esas cosas murillo que vienen después y no hayas qué cresta hacer con ellas,
C.

7:22 AM  
Blogger Leonardo Murillo said...

gracias porque imagino la realidad de mi recuerdo, la imagen que me transporta a esa escena de hermosura y plenitud; el niño viendo navegar su barquito de papel

gracias porque en esos ojos-niños está la vida

Y así se van los comentarios,
por el riachuelo de la mirada hacia el tú

7:40 PM  

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