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Location: Metropolitana, Chile

Nacido en 1984, Leonardo Murillo ha dedicado su vida a respirar el aire que emanan los objetos construidos por el hombre. Sus primeros cinco años los vivió cuestionándose las razones que tenían las tias del jardín para pegar cachetadas a quien no se durmiera en las colchonetas. Luego vendría el colegio, la educación básica en donde Jessica Arriet Ojeda, la profesora jefe, lo martirizaría en base a retos y humillaciones frente a sus compañeros. De quinto a octavo frecuentó la marihuana, el crack y la pobreza de una escuela municipal cerca de su casa. En el 2002 completó sus estudios secundarios para abocarse ha seguir respirando el aire que emanan los objetos construidos por el hombre. Administra y es uno de los fundadores del sitio y editorial www.poetica.cl. Fanático del ajedrez y la poesía, Leonardo Murillo come todos los días pan con algo pal pan y té, sentado en la cama a una distancia de treinta y siete centimetros entre él y su televisor.

Sunday, December 10, 2006

muchos dicen

Así como Pedrito mentía acerca de los lobos, podremos escuchar los discursos de quienes levantan la mirada para decir "yo me alegré por la muerte del tirano". Será de a poco, en la cena familiar, comiendo el tuto de su hedonismo. Y entre medio de sus dientes se alojará una extensión de cuero de pollo, y no les importará, antes dirán "yo me alegré por la muerte del tirano", mostrando el bolo alimenticio de su boca.

Me extraña, qué queris que te diga po camarita amiga. Cuando salgamos a las calles a levantar barricadas por la muerte de la oscuridad cagando en chata. Con su risa de puerco, y la señora "no, si estos comunistas no nos ganarán" y los hijos "no importa, papá, tú ya pasaste a la historia". Y el cadáver mostrando en el ataúd una sonrisa.

Nadie retratará en sus crónicas el lanzamiento de un huevo al carro fúnebre. Tantos carretes que se perdieron, la luz del huaso, "no te vayas a morir nunca", le dice el niño a su padre en el comercial.

La democracia...del mismo modo en que Rubén Darío exclamo "ay, la poesía"; yo digo, mejor grito, "ay, la democracia".

Pinochet piensa en nosotros y recuerda cuando le notificaron su detención en Londres. Su rabia, la misma rabia de la vulva vencida de su señora esposa. Y quería escapar, como el gargajo que salió de la boca de un manifestante, estrellándose contra la cara de Andrés Chadwick y la soberanía.

Los pacos ya no son seres a los que hay que gritarles garabatos y salir arrancando. El secreto de nuestros juegos, amigo del alma, el misterio del "Estatal, pasó por mí", con la mejor patada de tu vida.

Hagámosle un desagravio al capitán general, miremos con desprecio su estatua, la que pondrán muy cerca de la de Salvador Allende. Y mi nieto la mirará y luego le pedirá a su padre que vayan al Mc Donalds; "mijo, cuánta gueá no se escribió los blogs, ud no sabe cuánto revuelo causó la muerte del tírano...¿Big Mac?".

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